y todos gritan, pelean, acusan mientras, efectivamente, solo estábamos ayudando a achicar agua los mencionados, el chaval, la señora argentina y yo, bajo la presión del resto de vecinos. Ayer sentí mucha vergüenza de que se tratara así a personas que viven en la precariedad y más siendo migrantes.
Es cierto que el estado del piso es bastante cuestionable y que es cosa de la propietaria, pero no era el momento de comenzar batallas campales mientras estábamos metidos en agua hasta los tobillos.