El 8 de septiembre de 1888, el marino e inventor Isaac Peral botó el primer submarino torpedero con propulsión eléctrica del mundo en los astilleros de La Carraca, en San Fernando (Cádiz). Las razones por las que el proyecto fue cancelado por el gobierno fueron fundamentalmente la hostilidad política dada por los ministros de Marina sucesores a su aprobación inicial, como Andrés Beránger y Rafael Rodríguez Arias, mostraron abierta oposición e indiferencia hacia el invento, ordenando crear informes desfavorables. El Consejo de la Marina dictaminó en septiembre de 1890 que el prototipo era solo una 'curiosidad técnica' sin aplicaciones prácticas reales para la guerra. La cúpula naval rechazó ampliar las pruebas y negó fondos para ensayos de mayor alcance, argumentando dudas sobre la autonomía y fiabilidad de la propulsión eléctrica de la época. Unos visionarios cojonudos.

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