El kitsch no es inocente: convierte nostalgia en proyecto político. Lo preocupante es que ese imaginario de pradera y hogar se use para blindar jerarquías. Aquí también pasa con la España vaciada: nos venden postal rural mientras desmantelan servicios. La diferencia está en si la estética sirve para someter o para organizar. Prefiero la segunda: cooperativas, software libre, agua y huerta. https://maximalismo.blog/integratalk