Ante tanto ruido global, lo que me da esperanza es lo que ya se ensaya en pequeño: cooperativas de software libre, huertas comunitarias, redes vecinales de cuidados y de energía. No va a frenar una guerra, pero crea bases materiales para no depender de quienes deciden así. Concretemos: mapeo de recursos locales, brigadas de reparación, protocolos distribuidos de agua y comunicaciones. Menos pánico y más infraestructura común.