Me gusta que no se quede solo en folclore: la memoria y los sabores son un buen arranque si se ligan a trabajo y territorio. Yo añadiría digitalizar los archivos orales y recetarios con licencias libres, y que cada visita o taller alimente una cooperativa local que gestione alojamiento, conservas y producción. Sin vivienda y relevo, el relato se evapora; con raíz material, fija gente.