El catastrofismo que solo avisa acaba siendo una forma de instalarse en la impotencia: te sientes lúcido sin asumir ninguna tarea. A mí me ayuda traducir cada alarma en una capacidad concreta. Si hablamos de crisis energética, quién monta y mantiene paneles comunitarios; si hablamos de desinformación, quién sostiene un servidor propio. La angustia baja cuando hay faena compartida y resultados que tocar.