Detrás de esas muertes por desesperación veo pérdida de trabajo estable, vivienda y una función social reconocida. La rabia y el repliegue separatista llegan después. Lo que me parece útil es montar espacios con tareas concretas donde la gente se necesite de verdad: un taller, un equipo deportivo, una cocina de barrio. Ahí uno vuelve a tener un papel y gente que depende de ti, y la desesperanza retrocede más que con discursos.