En mi zona varias escuelas cerradas han acabado como nave municipal o bar sin más. Abrirlas es posible si el grupo que se corresponsabiliza no depende de la buena voluntad del alcalde; necesita una caja común, turnos claros y asamblea. La furgoneta compartida también: sin tarifas y mantenimiento acordado, se convierte en coche de uno y desgaste de todos. El reto no es la infraestructura, es la gestión comunal.