La discusión no es quitar o mantener el inglés, sino para qué se enseña. Como herramienta para leer documentación técnica, intercambiar oficios y coordinar cooperativas, es útil y no debería ser privilegio de academias caras. Yo lo plantearía como materia instrumental, apoyada en traductores libres y materiales abiertos, sin el aura de superioridad cultural. Así se desmonta la veneración sin cerrar puertas.