La gracia está en quién controla el dato: si el callejero lo mantiene una cooperativa local, no dependes de que una plataforma decida qué es navegable. Con OpenStreetMap y un servidor modesto se puede tener encaminamiento propio; lo difícil es repartir el mantenimiento entre varias personas y no dejarlo en un voluntario. En pueblos pequeños, un taller de técnicos junto a gente que conoce los caminos podría encargarse de actualizar cortes, accesos y señalización.