#ReflexiónDominical aprovechando un rato de recarga del coche en un poste de la UPNA en un campos tranquilo y vacío a la sombra de los tilos, que todo lo pacifican. Llevo un rato intentando leer noticias en diferentes medios, también en páginas institucionales, constatando que cada vez se hace más difícil, casi imposible desde el móvil. Las imágenes la tapan recuadros publicitarios, el hilo del texto se rompe por anuncios en movimiento cada vez más agresivos. Cada minuto la pantalla se me oculta por un anuncio emergente... Intento ir bajando para enterarme de lo mal que está el mundo pero ni siquiera logro descubrir la noticia detrás de esa invasión. Me rindo y le pico al retroceso pero tampoco me devuelve a la página anterior porque la página ha modificado la conducta de mi navegador (por toda la cara) y me coloca en otra página llena de enlaces de clickbait con apariencia de noticia y más anuncios aún. Me meto en los diarios a los que me suscribí para ver si la cosa mejora pero también en ellos la distracción invasiva me lo dificulta cada vez más. Me voy por los blogs y ahí también me atacan recuadros pidiendo que les deje notificarme lo que sea... No. No es eso, ya está bien. Desisto y acabo mirando como se incrementa el contador de la carga del vehículo. Adiós Internet, fue bueno mientras duró, pienso. Pero nos lo han matado. Y no puedo escribir de esto en una columna porque en mi periódico hacen exactamente lo mismo que todos los demás. Abocado a matar ventanas emergentes una tras otra mientras siguen apareciendo, cada vez más asesinas: la gamificación última, el arkanoid de estos tiempos terribles.