El verano ha dejado de ser un tiempo en el que sea posible la vida. Ahora ya es solo pura supervivencia. Son las 8 de la mañana y no se puede vivir sin ventilador. La avaricia capitalista ha robado incluso a los jóvenes la oportunidad de vivir el verano, tal y como se entendía hace unos años, y los hemos condenado a la dependencia del aire acondicionado. Les hemos robado la calle y los hemos confinado. Nos hemos confinado colectivamente. No quiero ni pensar cómo será mi vejez, encerrado durante tres meses en una habitación con aire acondicionado para sobrevivir, y eso con suerte, ni cómo será de la de los jóvenes. ¡Qué tristeza, todo y cuánta nostalgia de aquel verano que se marchó para no volver nunca! Feliz otoño, cuando nos saque de este infierno, para meternos en la ruleta rusa de las DANAS.