Anoche me encontré con uno de esos especímenes que pensaba que no existían, que eran mitos. Una habitante de los reinos míticos de Ayuso, conocida de infancia de mi mujer, que encontramos de casualidad después de treinta años, y lo primero que nos dijo, es que en Madrid, no estábamos en Madrid, siempre ha hecho calor y que el cambio climático para quien lo crea, que ella cree en los ciclos. Salimos corriendo con un hasta luego que era un hasta nunca y pensando en decirle que no crea tampoco en la ley de la gravedad ni en la toxicidad de la lejía, pero fuimos buenos. Yo soy muy crítico con determinadas posiciones dogmáticas de determinada ciencia ultra positivista, pero esto no es una cuestión de creencia. El que padece una enfermedad terminal puede no creer en su enfermedad, o el que conduce hacia un precipicio puede no creer en los desniveles, pero ambos no evitarán que existan ni su final. Que pena me dió, el negacionismo es simplemente miedo.