Para destruir una cámara de vigilancia callejera no hace falta pintarla ni darle con un palo. Es mucho más eficiente apuntarle con un láser de potencia y quemar el sensor, provocándole píxeles muertos hasta el punto de que las imágenes no sirvan.
Para destruir una cámara de vigilancia callejera no hace falta pintarla ni darle con un palo. Es mucho más eficiente apuntarle con un láser de potencia y quemar el sensor, provocándole píxeles muertos hasta el punto de que las imágenes no sirvan.