Esta es Bruma. Tiene tres patas y media, y le cuesta caminar.
Acabamos de recibir la notificación de que está prohibido soltarla en los pocos espacios cercanos a casa donde podía moverse con libertad. Bajo amenaza de multa. Porque, al parecer, una perra con movilidad reducida supone un peligro enorme para unas huertas urbanas.
Las mismas huertas que, por cierto, también generan sus propias molestias al barrio: olores, mosquitos, insectos. Pero de eso no se habla.
Durante años hemos convivido sin problemas. No pedimos nada extraordinario: solo un espacio habilitado donde los perros puedan soltarse, y donde animales como Bruma puedan tumbarse al sol sin molestar a nadie, como siempre han hecho.
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