Hubo un tiempo en que cierta gente creyó que la lucha consistía en encerrarse en redes sociales, repartir bloqueos y soltar soflamas contra cualquiera que no les bailase el agua o no fuese lo bastante Disney. Todo al grito de «facha» o «transfobia» -aunque fuese una mujer cis mandando a la mierda a quien le dice que una mujer cis no es una mujer-.
También hubo un tiempo en que los nazis salían de noche a cazar inmigrantes, personas trans y maricones. Hablo de los años 90 y 2000, no de la época de Franco.
Entonces la lucha estaba en la calle y en los barrios. Se peleaba hasta el espacio de los semáforos, se corría detrás de los nazis, se denunciaba cada agresión, se organizaban manifas. La calle era nuestra y no tenían huevos a salir a plena luz del día.
La lucha no está encerrada en Internet. Hoy ya tenemos partidos abiertamente nazis legalizados y creciendo.
Pero nada: seguid señalando a la peña en redes sociales y celebrando la política de la cancelación. Está funcionando de puta madre.
Nótese el sarcasmo.