El problema fue que entre la velocidad del acto, el ruido general y mi distancia con la fuente de la información me perdí su alerta de ingreso al coche. No me agaché para pasar por la puerta, por lo que fue tan duro el golpe que aún debe estar balanceándose el tren. No es la primera vez que me doy un porrazo semejante, pero la verdad que tampoco los extraño. Debería encontrar alguna herramienta tecnológica para prevenir los golpes en la cabeza antes de quedar tieso con alguno de ellos.