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hace un rato, al intentar subir al 71 que paró a unos metros del cordón, tomé el impulso necesario para depositar mi humanidad dentro del bondi, solo para obtener un indigno rebote que me devolvió al mismo lugar.
Y la ansiedad, que no es buena compañía, no propició una reflexión sobre el porqué de ese rebote, sino que me empujó a volver a intentarlo inmediatamente, logrando esta vez quedar atrapado entre el marco, uno de los estuches de saxo que tenía colgado y la puerta. 😳