Entonces, para mí, se juntan varios factores: el primero, que como me he criado en un pueblo y no en Murcia ciudad, no tengo una conexión emocional con esta festividad, la murcianidad, la huerta y la primavera las he vivido de manera diferente. El segundo, que me suele tocar trabajar y soportar a buena parte de esa gente y es una jornada bastante traumática. Es de los días de trabajo más fuertes, frenéticos y agotadores del año.