Ese verano de las noches en las que hacía calor, sí, pero un calor humano, soportable, casi una parte del paisaje. De cenar en una terraza sin sentir que estás sentado dentro de un horno. De ver atardeceres naranjas sin preguntarte si detrás de esa belleza hay también una atmósfera que hemos convertido en una manta térmica alrededor del planeta.

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El cambio climático no solo derrite glaciares y altera ecosistemas; también borra escenas pequeñas de nuestra vida cotidiana. Expulsa a los vecinos de sus barrios y los convierte en animales del zoológico. Precariza la salud mental de las personas neurodivergentes y obliga a los mendigos a morir en la calle.

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