Una cosa un poco liosa cuando uno se adentra a intentar estudiar pueblos colonizados (de América y África, asumo que pasa en Asia también) es el tema de los nombres de cada pueblo.

Nosotros, que vivimos en sociedades organizadas en Estados-nación, estamos acostumbrados a llamarnos a nosotros mismos con el gentilicio de ese país (por ejemplo, españoles) y a esperar que en otros idiomas se refieran a nosotros con el mismo nombre, solo que con adaptaciones fonéticas (Spanish, spagnolo, espagnol...).

Pero es antropológicamente muy habitual que un pueblo tenga un endónimo (el nombre que se da a sí mismo) y uno o varios exónimos (el nombre que les dan otros pueblos). El problema con los exónimos es que muchas veces pueden ser incluso ofensivos. Véanse los griegos cuando llamaban “bárbaros” (“los que balbucean”) a pueblos de culturas que veían como ajenas e inferiores.

Cuando los colonos van a hacer su cosa de colonos (aka colonizar), establecen nuevos exónimos (por ejemplo, a los San se les llamó “bosquimanos”, “hombres de los bosques”; o el propio término “indio” que se usó para referirse a los nativos americanos en general) o se adoptan exónimos que utilizan otros pueblos vecinos... que a veces son enemigos y, como decía, pueden usar expresiones despectivas. Imaginaos el diálogo:

Colonizador: ¿Y esos de la bahía de enfrente quiénes son?
El indígena que es enemigo de los de enfrente: Pues los cabezahuevo.
Colonizador: [toma nota en su cuaderno y a partir de entonces los colonizadores dicen que esa bahía es la bahía de los cabezahuevo y pasa así a la historia porque está en un idioma que los colonizadores ni siquiera dominan]

Por ejemplo, los “indios” mohawk no se llamaban a sí mismos así, un término que se cree que puede significar “comehombres” y que, por tanto, debía de ser el exónimo que utilizase algún otro pueblo de la zona que no les tuviese mucha simpatía.