🌸Raquel de Abril🌸

@JanaDelBosco@masto.es

Perfil original

Hace ahora exactamente un año, empecé a usar un launcher minimalista en el móvil. He pasado por varios, pero todos se basan en el mismo principio: que las apps aparezcan en una lista por su nombre, sin iconos, y que tu pantalla de inicio no admita más de 8 apps (+ 2 apps asignadas a gestos + reloj/fecha). En muchos casos, también te ponen la pantalla de inicio en negro con el texto en blanco.

Ya antes de eso, hace años que mi única red social es Mastodon. De por sí me parece minimalista: pocas fotos, casi ningún vídeo, sin publicidad y mucho menos dinámicas de casino online de esas que ahora son omnipresentes. También hace tiempo que dejé de usar YouTube en favor de apps como NewPipe, FreeTube o GrayJay. En ellas no hay algoritmo, solo tu feed de suscripciones. Nada se reproduce en automático y las portadas de los vídeos no aparecen ocupando todo el ancho de la pantalla, sino que son una miniatura. Otra app que he abandonado es Spotify, en favor de otras que cogen la música de YouTube pero gratis y sin publi (Metrolist, SimpMusic...). Diré que algo que ha detonado este último cambio, más que razones ético-políticas, es lo cansina que se me hacía su interfaz.

En resumen: en mi móvil, desde hace ya casi años, hay menos colores chillones, más texto que imagen, no hay exposición a publicidad, accedo a lo que quiero y necesito de forma directa y concisa, etc. Pues bien, yo si ahora cojo un móvil abriéndolo por la app de YouTube o de Instagram (o incluso viendo su menú de apps, con sus decenas de aplicaciones cada una con su icono de colorines), lejos de seducirme a usarlo y mantenerme atrapada, me AGOBIA profundamente. Me he instalado hace un rato otra app alternativa a YT (LibreTube) y la he desinstalado al momento de abrirla al ver que las portadas de los vídeos ocupan todo el ancho de pantalla, como en YT.

Lo que quiero decir con esto es: [sigo en siguiente toot]

Las interfaces actuales de apps (y webs!) mainstream son insoportables, probablemente de forma objetiva. Si nos las hubieran tendido así desde el principio, no sé si tanta gente se habría enganchado. Por el contrario, los cambios han sido progresivos: cada vez más publicidad y más larga (yo ya no soporto YouTube, me he desacostumbrado del todo), animaciones que están a medio camino del juego infantil y el casino online, los banners de las cookies, patrones diseñados para obligarte a ir no donde tú quieres sino por las secciones de la app que a la empresa le interesan... Al principio los algoritmos parecían una fuente de comodidad, algo que te haría descubrir nuevos contenidos; ahora son casi una barrera que te dificulta encontrar lo que tú venías a buscar en un inicio. Pero entre la progresión lenta y la inercia, se construyen el hábito y la normalización, claro.

Quizá no odiemos el invierno: odiamos que el trabajo asalariado nos haga perdernos las horas más luminosas y cálidas del día.

Quizá no odiemos el verano: odiamos el cambio climático y enfrentarnos aún más duramente a los cánones de belleza.

Odiamos la pobreza energética, la arquitectura hostil, la brecha vacacional de clase (los que pueden irse en verano vs los que no), la falta de terceros espacios para socializar y tener ocio cuando hay un clima adverso, la turistificación, la precariedad del trabajo estacional...

Odiamos el capitalismo.

@caminaensilencio Yo no los culpo por mis miserias, pero sí soy confrontacional con los que han disfrutado de los beneficios de la socialdemocracia (o, más bien, de la lucha de los trabajadores) y han accedido a unas condiciones de vida bastante más cómodas que las de sus padres, y en vez de reconocer que esas oportunidades ya no existen para quienes venimos después, asumen posturas individualistas y meritocráticas y miran por encima del hombro a las generaciones siguientes.

Algunos de ellos, al acceder a la propiedad y a esas condiciones han adoptado posturas conservadoras. No serán ellos mis enemigos de clase, pero desde luego que nos ponen un palo en las ruedas.

La solución, claro, no es avivar la retórica del conflicto generacional porque esa no es la raíz del problema. Pero es que lo que los adolescentes y jóvenes de hoy llevamos oyendo toda nuestra vida desde pequeños no es “Siento muchísimo ver cómo lo vas a tener más difícil de lo que yo lo tuve, en muchos sentidos“, sino “Lo que pasa es que lo habéis tenido todo muy facilito y os quejáis cuando tenéis una vida que ya habría soñado yo“. Entonces claro que de ahí nace un discurso revanchista e indignado de “¡Oye! ¡Que en realidad en vuestra generación habéis tenido unas oportunidades que la nuestra nunca va a ver, y nos lo estáis negando!“. No digo que sea lo correcto, pero si no partimos de reconocer la realidad del adolescentado y la juventud y seguimos tratándolos con desdén... es un error del que parece que la humanidad no aprende.

Es fundamental y urgente acabar con el edadismo (aquí pienso específicamente en el que ejercen adultos y mayores contra adolescentes y jóvenes) en los espacios de lucha, porque el edadismo es uno de los principales mecanismos de reproducción del statu quo.

El edadismo es el que permite que una mujer descargue sus traumas y ansiedades causadas por el sistema patriarcal (muchas veces infligidos por su marido u otras figuras masculinas cercanas) contra sus hijos. Los hijos no se solidarizan con la madre ni la perciben como víctima, sino como verdugo, así que no se ponen de su parte, no identifican al verdadero enemigo (quizá, su padre) y, o reproducen esa violencia, o priorizan huir del hogar, aunque eso los introduzca en nuevas formas de precariedad y violencia.

El edadismo es el que hace que los adolescentes y jóvenes perciban a los “boomers“ jubilados no como potenciales camaradas de clase, sino como enemigos y competidores. Han pasado demasiado tiempo escuchando de los adultos que ellos son unos vagos, frágiles y privilegiados, han sido ninguneados demasiadas veces como para que les nazca una simpatía espontánea. (Por supuesto, la maquinaria de propaganda capitalista también está haciendo lo suyo, pero se apoya en el edadismo para lograrlo).

El edadismo es el que rompe la continuidad de los espacios de lucha: los miembros y líderes envejecen y, llegado cierto punto, no hay relevo generacional que sostenga el espacio como antes. No puedes pedir a los jóvenes y nuevos integrantes que simplemente se adapten al espacio, sino que el espacio tiene que estar vivo y dejarse transformar por ellos.

El edadismo aliena, segrega y segmenta, además de ser sencillamente injusto y autoritario y es la fuente de innumerables abusos contra la infancia y la adolescencia, también en entornos supuestamente progresistas o de izquierdas.

Lo que me mola de haber adoptado el poner texto alternativo a las imágenes como norma de etiqueta desde que frecuento el fediverso es que me hace ser mucho más consciente de *para qué* quiero subir una imagen.

Las imágenes pesan mucho más que el texto. Internet se ha plagado de ellas en buena medida por el abaratamiento del coste económico de alojar y procesar información. Eso no significa que el peso de las imágenes (o el espacio que ocupan), en términos absolutos, sea menor. De hecho, según hemos pasado todos a llevar en el bolsillo un aparato capaz de sacar imágenes de no sé cuántas decenas de megapíxeles, cada imagen pesa cada vez más.

En las redes mainstream, estrictamente basadas en la economía de la atención, acompañar de imágenes cada post es un imperativo: una forma de captar y retener la atención. Pero así se llega a situaciones absurdas como textos enteros en Instagram escritos en imagen (en las historias) en vez del texto en sí. Esas imágenes pesan más y hacen menos accesible el mensaje que contienen que un simple post de texto escrito. También saturan más la atención.

También, en Mastodon siento menos incentivos para postear imágenes como forma de “ahorrar tiempo“. Por ejemplo, no me va a ahorrar tiempo publicar una foto de un cartel con la hora y descripción de un evento que he visto por ahí, o con la portada de un libro del que voy a hablar, frente a simplemente escribirlo porque tendré que redactar su ALT igualmente. Eso me hace preguntarme: ¿para qué quiero subir la imagen? ¿Qué valor le aporta a lo que estoy escribiendo?

H

@JanaDelBosco creo que depende de muchas cosas. Las imágenes se han usado con frecuencia como forma rápida de saturar especialmente en otras redes.

Otras tienen una función de accesibilidad- hay gente que lee más lento, que por diferentes motivos no procesa las cosas igual, etc, las imágenes en ese caso ayudan a explicar cosas.

Hay otras como en tags de silent Sunday y similar que tienen una función casi personal de transmisión de un momento en particular.

Vaya que no siempre es una trampa.

@alien No, claro, no estoy criticando el hecho de usar imágenes como tal, por eso he hecho hincapié del *para qué*. A veces la imagen es el mensaje. Y sí, pueden tener una función de accesibilidad. Pero en el Internet actual la sobreproliferación de las imágenes no tiene precisamente por objetivo la accesibilidad (de hecho, en las rrss más basadas en imágenes, ¿cuánto texto alternativo hay?). Utilizar las imágenes como apoyo a la accesibilidad requiere, precisamente, pensar bien cómo usarlas y para qué, para que aporten y no sean mero ruido visual.