Que un agitador ultra grite «a por los rojos» ya da bastante asco.
Que seis legionarios uniformados celebren esas consignas debería hacer saltar todas las alarmas en Defensa.
El uniforme que llevan y su sueldo también lo pagan los millones de españolas y españoles a los que están señalando como enemigos.
En este país ya sabemos lo que pasa cuando algunos militares deciden que tienen una guerra pendiente contra su propio pueblo. Queremos expedientes y consecuencias disciplinarias.