En los años 50, con media Europa todavía recogiendo escombros, se construyeron hospitales, viviendas públicas y sistemas de pensiones.
Setenta años de avances tecnológicos y económicos después, unos señores con tres másteres nos explican que mantener todo aquello es inviable.

Hay que reconocerle algo al neoliberalismo: ha conseguido que una sociedad muchísimo más rica considere una utopía lo que sus abuelos levantaron entre ruinas.