Al relacionar lo cultural con lo material-socioeconómico, se hace frente a la estrategia del poder de culpabilizar a la víctima. Sin tener en cuenta el contexto social, la pobreza acaba siendo causa de quienes la padecen y, por tanto, “se la merecen”. La cultura del capital te engorda el monstruo llamado yo. La cultura material debe adalgazarlo y hacer entender que hay causas fuera de él. La víctima siempre es víctima, nunca culpable.
Artículo en Portal de Andalucía.
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