No es que los que se movilizaron no trabajen sobre el terreno, la mayoría lo hacen y con ganas. Tampoco que toda aquella movilización no sirviera de nada: sirvió, generó la conciencia social de que había un problema y generó una cierta respuesta desde el gobierno y las comunidades autónomas que, en conjunto, ha sido positiva para todos.

La cuestión es que el tipo de cambio que es necesario para la repoblación no es algo que pueda conseguirse por el camino de los partidos localistas que surgieron de aquello: jugando a bisagra y barriendo para casa.

Lo primero que hay que tener claro es los datos y la materialidad: salvo en unos pocos focos industriales agroganaderos, a día de hoy la economía rural en su conjunto no se basa en el primario (agricultura, ganaderíia) sino en los servicios de bajo valor añadido y en una fuerte dependencia del dinero público. El rural es pobre porque produce poco... y menos va a producir si no hay un cambio productivo.

Ese cambio viable es ir hacia una economía de servicios avanzados que es a lo que puedes aspirar desde una economía de servicios. Y eso significa dos cosas: que el objetivo es repoblación por industrialización limpia/verde/sostenible/digital y que los agentes necesarios para el cambio rural necesario están hoy en Madrid, Barcelona, Málaga, etc. Es decir, que hay que mirar de otra manera y buscar aliados de otra manera.