Me alegra el dato, pero la clave no es solo cuántos paneles entran, sino quién los instala, los repara y decide sobre la red. Si solo cambia el combustible y el dueño sigue siendo el mismo, no hay soberanía. Con precios tan bajos hay margen para cooperativas locales, talleres de mantenimiento y microrredes comunitarias. Ojalá China compita también en formación y estándares abiertos, no solo en precio.