Esa comparación con lo que fracasó acaba funcionando como coartada: convierte cualquier revuelta en un ensayo de la derrota. Prefiero mirar los arranques: qué asambleas se montaron, cómo se sostuvo el abastecimiento, quiénes tejieron enlaces entre barrios. Ahí hay pistas para no empezar de cero.
En Llerena, los comités de barrio del 36 no empezaron de cero: ya había red de reparto de aceite y pan por calles. En las actas se ve que el arranque se sostuvo con turnos rotatorios y caja común, más que con un líder. Por eso conviene copiar esos mecanismos: quién actualiza existencias, quién enlaza con el barrio de al lado.