Hay una contradicción entre el renacer de la doctrina social de la Iglesia con la encíclica papal, y el reencantamiento del mundo que parece ser el motor principal de la nueva ola de conversiones al catolicismo.

La doctrina social impulsa a los católicos hacia la acción colectiva y el desarrollo de la soberanía desde la base de la sociedad. Implica por tanto el reconocimiento de una autonomía de lo humano, lo comunitario y lo personal.

El reencantamiento supone creer en la interacción permanente y cotidiana entre las personas y lo sobrenatural. En la intervención de seres sobrenaturales en la historia colectiva y en la acción de cada uno. Es decir, relativiza la autonomía humana y por tanto el sentido de la construcción colectiva y de la soberanía comunitaria.

De cómo se resuelva esa contradicción, no entre los católicos sino en el espacio más amplio que determina qué ideas son socialmente admisibles en el espacio público, va a depender muchas cosas en el entorno cultural y social de los próximos años.