En estos días no hago más que encontrarme analistas y sociólogos que destacan, tanto para EEUU como para España y Europa, que el grado de división y enfrentamiento del espectáculo político no corresponde realmente al estado de cosas entre la gran mayoría de la población. Infieren de eso la imposibilidad de mayores conflictos.

Me preocupa porque nunca olvidaré que en los últimos momentos de la vieja Yugoslavia todos los analistas e intelectuales decían lo mismo. Olvidaban que las guerras no las ponen en marcha poblaciones fanatizadas, sino que es el horror de la guerra el que crea fanáticos entre las víctimas.