Y tomar la palabra para hacer un aporte por modesto que sea. No una gracia ni un improperio, un aporte.

Seguramente lo más significativo de los años de redes sociales sea el cambio en la autovaloración de las personas. El miedo al ridículo, al trolleo, a recibir un zasca... Ha creado una sensación de miedo al espacio público y a la conversación. Que al final queda tatuada en el alma como una desconfianza ante las capacidades de uno mismo y el valor de lo que puede decir. Twitter hizo que una generación entera se tragara sus sueños, que no pudiera pensar en voz alta. Darle el protagonismo de Internet a las redes sociales centralizadas fue entregarle la dirección del colegio a los bullys.

Ahora se trata de salir de ahí pero también y sobre todo de aprender de nuevo a construir juntos. Más que nunca hay que reparar el mundo y reparar el daño hecho por el poder.