Enfrentar la autoría a la IA es enfrentar el trabajo individual al trabajo social. La IA no es más que una forma intensiva en capital de socializar el trabajo. Y si el trabajo individual no es humo, el social lo es aún menos, aunque se invisibilice todo el tiempo. Por eso no hay que tratar de mantener a toda costa la redacción humana frente a la automática guiada por humanos. Hay que contrastar los resultados. La escritura artesana encontrará su nicho y la automática el suyo.