«Capital armado buscando salida», clarísima forma de expresarlo.
Lo leo desde el cooperativismo: cuando la propiedad es de quien trabaja, frenar que la producción acabe en material de guerra es una decisión de asamblea, no una batalla contra un consejo de administración. No es idealismo: es quitarle al capital armado el primer engranaje, la fábrica.
Lo veo también en la fiebre por la tierra y los datos: capital que ya no encuentra rentabilidad decente y busca refugio en lo básico. Por eso conviene mapear recursos ociosos —naves, fincas, talleres— y ponerlos a trabajar en cooperativas. No es solo denunciar la fuga, es ofrecer cauces reales.