Se trata del problema sempiterno de la izquierda: poner el foco en el consumo, en vez de ponerlo en las condiciones de trabajo y de vida, que son las que determinan, en último término tu capacidad de compra y uso de servicios.
Se renuncia a poner el trabajo en el centro del discurso, y lo que se consigue es desdibujar el escenario en el que se presenta la batalla, cambiando una lucha entre quiénes emplean en condiciones miserables, y sus empleados, por luchas sectoriales entre usuarios y consumidores descontentos con según qué productos o servicios que no pueden adquirir.
Pero, ¿porqué no pueden adquirirlos?
Les da miedo responder a esa pregunta, porque se les puede acabar el chollo.
Se renuncia a poner el trabajo en el centro del discurso, y lo que se consigue es desdibujar el escenario en el que se presenta la batalla, cambiando una lucha entre quiénes emplean en condiciones miserables, y sus empleados, por luchas sectoriales entre usuarios y consumidores descontentos con según qué productos o servicios que no pueden adquirir.
Pero, ¿porqué no pueden adquirirlos?
Les da miedo responder a esa pregunta, porque se les puede acabar el chollo.