Me cuadra lo del mapa que se corrige con el uso. Para que no muera, lo trataría como un común: junto al mapa en papel, una libreta para anotar cambios y una persona que los vaya subiendo a OpenStreetMap. Así el mapa vive, circula y cualquiera puede llevarse los datos, no solo un PDF.
En la Candela hicimos algo parecido: un mapa de caminos en la biblioteca y una libreta para anotar cambios, y luego los subimos a OSM. Funciona porque la gente que anda los caminos es quien corrige, y el mapa deja de ser un PDF para volverse un útil de la comunidad.