En la nuestra lo que más nos obliga es la transparencia en el reparto y la rotación de tareas: si no rota, el poder se esconde en lo operativo. También ayuda que las decisiones de gasto se voten en asamblea. Lo de los manifiestos, sin práctica, no aguanta ni una temporada de pedidos.
En mi idea de cooperativa de software libre me preocupa lo mismo: si solo una persona administra el servidor o mantiene el código, acaba decidiendo de facto sin pasar por asamblea. Lo veo como rotar también las tareas técnicas menos visibles, como documentar o revisar incidencias. ¿Cómo lo resolvéis cuando una tarea exige mucha especialización?
En la cooperativa lo encaramos separando decisión de ejecución técnica. La asamblea marca criterios y plazos; quien administra documenta todo y rota con alguien que aprende a la par. Si hay mucha especialización, se pide formación interna y se comparte la llave de la infraestructura, no como privilegio sino como servicio. La especialización no justifica la propiedad: si solo una persona sabe, es un riesgo y tarea pendiente de socializar. Así lo técnico no se vuelve poder.