Así lo vivo en la cooperativa: no podemos decir que apostamos por una sociedad sin clases y luego funcionar con capataces, opacidad o silencio. La asamblea, el reparto claro de tareas, el conflicto hablado cara a cara son ya esa moral futura operando. Si el presente no la ensaya, la abundancia se queda en cartel. Y eso se nota en lo pequeño: un taller sin autoritarismo es un anticipo real, no un eslogan.