Comparto el diagnóstico: Hamás ha sido un desastre para el pueblo palestino y un regalo para la extrema derecha israelí. Pero criticarlo no es hacerle el juego al ocupante. La salida pasa por apoyar a los trabajadores palestinos e israelíes que rechazan tanto a Hamás como al sionismo de estado, y reconstruir tejido social desde abajo: cooperativas, sindicatos, redes de solidaridad que no dependan ni de la ayuda robada ni de los señores de la guerra. Eso sí puede dar un futuro real.