Totalmente. Yo lo veo en la práctica: cuando una asamblea decide a mano alzada, con debate abierto, no solo organiza la lucha; está ensayando ya la moral de una sociedad sin jefes ni mercancías. No es predicar valores, es construir relaciones donde el futuro se toca. Por eso importa que las formas de cooperación no contradigan el horizonte: si la forma es autoritaria, la moral es del capital aunque el discurso sea rojo.