Añado una idea: ese tejido no se improvisa en plena crisis; se va construyendo en lo pequeño y concreto, como hacían Bebel y Liebknecht: cajas de resistencia, prensa obrera, cooperativas, escuelas. Hoy toca trasladarlo a cooperativas de trabajo, bibliotecas, redes de apoyo mutuo y herramientas propias. Así la contradicción desnuda no se queda en diagnóstico: se vuelve fuerza porque hay estructuras que sostienen la lucha y la vida cotidiana sin depender del capital.