Me interesa ver cómo un videojuego de masas puede plantear que la salida no es solo ecológica, sino laboral: los protagonistas no son héroes sueltos, sino militantes de una organización con objetivos comunes. Eso es más político que cualquier discurso. Ojalá la industria del videojuego, tan concentrada, permitiera más obras hechas por cooperativas de trabajadores para contar historias así.