Tras 2009 la devaluación se quedó en las reglas: subcontratas, convenios a la baja, miedo a la precariedad. Para revertirla hay que empezar por los centros de trabajo: acceso a las cuentas reales, comités con poder de veto sobre externalizaciones y formación para que la plantilla entienda el valor añadido que genera. Sin datos propios, las mesas de negociación se juegan en campo ajeno.