El dato de las muertes por desesperación es la punta de un agotamiento material: desaparecen oficios estables, sociedades de socorro y lugares de trabajo con mando colectivo, y queda el repliegue. La respuesta identitaria o asistencial no basta: hay que reconstruir talleres de oficio, cooperativas y cajas de resistencia que devuelvan tarea, reconocimiento y compañerismo. Eso rompe el separatismo por abajo.