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A las 14:55 se da por finalizado el ensayo para el concierto de la próxima semana. Minutos después, limpiado el instrumento y con los adminículos prestos abandonamos el gigantesco edificio y hacemos el medio giro por la manzana hasta llegar a la boca del subterráneo de la línea E. Bajamos una escalera, pasillo, escalera, puerta con alarma, otra escalera y andén. Pero de los 3, solo el chicato que va delante ve un poco, y al notar que el tren ya estaba, encaró con alma y vida a su encuentro...

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El problema fue que entre la velocidad del acto, el ruido general y mi distancia con la fuente de la información me perdí su alerta de ingreso al coche. No me agaché para pasar por la puerta, por lo que fue tan duro el golpe que aún debe estar balanceándose el tren. No es la primera vez que me doy un porrazo semejante, pero la verdad que tampoco los extraño. Debería encontrar alguna herramienta tecnológica para prevenir los golpes en la cabeza antes de quedar tieso con alguno de ellos.

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@tiflonet Yo mido poco más de 2 metros. Los trenes subterráneos de acá Son generalmente bastante bajos, pero hay algunos que en particular son para pitufos. Creo que son vagones chinos que compraron cuando inauguraron la última línea. En esos dentro del coche mi cabeza casi roza el techo. Así que suelo andar con una mano a la altura de la frente cuando debo moverme dentro para no dármela con los agarres de metal.