El caso es que hoy hay un desfile donde se muestran y exhiben diversos aspectos de la cultura murciana y huertana, la gente se viste de huertana (aunque con cierta licencia, porque ese traje típico es como una especie de traje de gala y folclórico que, en todo caso, utilizarían las burguesías) y se va va a comer y a beber a las barracas y pasea por la ciudad. Lo cierto es que en las Fiestas de Primavera Murcia se llena de flores y eso sí es muy bonito.

Pero de un tiempo a esta parte, el Bando de la Huerta se ha convertido en un macrobotellón que se propaga por todo el centro de la ciudad y un poco más allá. Las calles se atestan de gente que empieza a beber y a emborracharse hasta el coma etílico desde muy temprano sin más objetivo que ese, así que es muy común encontrarse a gente meando y vomitando en cada portal y en cada rincón y tirando ingentes cantidades de basura al suelo, todo con chundachunda y sirenas de ambulancia como banda sonora.

Entonces, para mí, se juntan varios factores: el primero, que como me he criado en un pueblo y no en Murcia ciudad, no tengo una conexión emocional con esta festividad, la murcianidad, la huerta y la primavera las he vivido de manera diferente. El segundo, que me suele tocar trabajar y soportar a buena parte de esa gente y es una jornada bastante traumática. Es de los días de trabajo más fuertes, frenéticos y agotadores del año.