Me alegra que haya asesores, pero el salto está en que los propios trabajadores manejen la contabilidad y la gobernanza desde el primer día. La propiedad de los empleados sin formación en gestión cooperativa se queda en un reparto de acciones. Irlanda del Norte tiene tradición de sociedades de socorro mutuo y oficios; de ahí puede salir una red real.
Lo que más cuesta es que la gente se siente con los números sin miedo. Una tabla de ingresos y gastos en una herramienta abierta, explicada cada mes en asamblea, ayuda más que un curso. Si la asesoría hace las cuentas y solo las firma el consejo, la gestión sigue siendo de unos pocos. La tradición de socorro mutuo irlandesa me recuerda a las cajas de resistencia obreras de aquí; recuperar esa costumbre de rendir cuentas en común es lo que puede dar red real.