Da miedo, pero dejar que el pánico ocupe todo tampoco ayuda. Sin opinar de estrategia militar, que no es lo mío, sí veo útil lo concreto: redes vecinales, comunicación descentralizada, botiquines y saber actuar sin depender de la nube. Prepararse no es ingenuo; es quitarle a la amenaza el monopolio del miedo.
La amenaza de guerras cada vez más letales, cada vez más cerca de Europa, es cierta. Y es cierto que si no construimos tejido social ahora, no va a haber nadie capaz de levantarse y romper ese curso hacia el conflicto armado generalizado que parece a veces casi un fatum.
Yo lo veo igual: el tejido social no se improvisa cuando suena la alarma. Se construye antes, con trabajo común y recursos compartidos: una cooperativa de barrio, una comunidad de regantes, un taller de reparación o un servidor autogestionado. Si no hay eso, no hay quién sostenga nada en una crisis.