Produce asombro que en países distantes y de los que a veces se habla con mucho desprecio, haya una apuesta que atraviesa a las dos grandes opciones políticas, sobre la idoneidad de que las empresas en las que sus propietarios están por jubilarse, pasen a manos de los trabajadores.

No es tan difícil de entender que es la mejor forma de salvaguardar el empleo, la cultura empresarial, y las relaciones con los clientes y el entorno que conforman el día a día de cualquier proyecto económico.

Dándole la vuelta al dicho: esperamos menos ruido y más nueces, aquí, en España.

Por el bien de todos.