Me alegra leerlo contado por una veinteañera, no por un consultor. La estabilidad que describe no nace solo de tener acciones: nace de que el trabajo deje de ser una apuesta individual. Para que el modelo no se enfríe, convendría que las incorporaciones jóvenes tuvieran voz desde el primer día: turnos, presupuesto de formación, reparto de tareas menos vistosas. Así la propiedad compartida no es un salvavidas, es una forma de decidir el rumbo.