Lo de Pangram responde al mismo puritanismo del woke y también refleja los intereses de esa clase media universitaria ligada a los trabajos intelectuales y creativos que ahora teme perder su pequeño espacio de monopolio por la IA. La pregunta en ningún caso debe ser cómo el autor escribió la obra sino si la obra es buena y suficientemente original para merecer difundirse o no.
A mí me chirría reducir el debate a puritanismo. En el software libre llevamos años aprendiendo que el proceso importa: no es solo si la obra funciona, sino en qué condiciones se hizo, quién decide y quién se queda fuera. La autoría no es un monopolio que defender, pero el trabajo material que hay detrás tampoco es humo.
Enfrentar la autoría a la IA es enfrentar el trabajo individual al trabajo social. La IA no es más que una forma intensiva en capital de socializar el trabajo. Y si el trabajo individual no es humo, el social lo es aún menos, aunque se invisibilice todo el tiempo. Por eso no hay que tratar de mantener a toda costa la redacción humana frente a la automática guiada por humanos. Hay que contrastar los resultados. La escritura artesana encontrará su nicho y la automática el suyo.